viernes, 18 de septiembre de 2015

APRENDER PARA SEGUIR.

Hacía días que no escribía nada en el blog. Es hora de reanudar el trabajo con esta nueva entrada.
Hasta ahora he escrito sobre mi malestar con la editorial (y no soy de quejarme pues eso trae más mal a nuestras vidas. Soy una fan de la Ley de la Atracción y El Secreto de Rhonda Byrne y todo lo que ella y profesores de la Ley de Atracción han escrito).


Ahora parece que la distribuidora debe ponerse con otra distribuidora del Norte pues deben ser distintas y como ya escribí, se mandó un ejemplar a la librería TROA que tiene en su web el libro para comprarlo. En Pamplona hay libros que yo misma llevé a La Casa del Libro. Pero ahora le toca a la editorial moverse y nada de llevar los libros yo misma a las librerías. Hay empresas en Internet que suministran a las librerías, además de la distribuidora, sea de Sevilla o del Norte.





Ahora he decidido cambiar el título de mi nueva novela romántica. iba a presentarla a un certamen de HARLEQUÍN, pero aunque no gane ni sea finalista, ellos se pueden quedar doce años con mi novela. Reconozco que soy desconfiada y quiero publicar yo. A lo mejor, si me toca la lotería o me va bien, terminaré creando mi propia editorial para publicar mis libros y, tal vez, otros de otros autores.
Pero centrémonos en lo que quiero contar.
Ahora que estoy esperando la presentación voy a dedicarme a revisar los productos que tengo en mi portátil sobre cómo escribir mejor y con éxito. Como "enganchar" en una novela sea cual sea el tema: fantástica, novela negra, romántica, erótica, etc.; marketing a través de Internet como escribir este blog o lo que hace Paulo Coelho y que yo he iniciado hace poco- crear imágenes con mensajes atrayentes-. Hasta ahora he tenido éxito con las que he creado.


Así que aparte de seguir con la historia que estoy escribiendo, a estudiar para escribir mejor cada día y como dice Stephen King, leer mucho, mucho.
Bueno. Espero daros noticias de la presentación en mi ciudad pronto.

Marian García Jimeno.

jueves, 10 de septiembre de 2015

SEGUIMOS CON OTRO POQUITO DE "LIBRE, RARA, BELLA".


Durante la cena que tenía en un restaurante italiano muy caro de la ciudad con su novia, Cris tuvo que oír las quejas de Cintia, pero cuando le preguntó por qué había ido a la tienda-taller de diseño de su vecina ella no sabía por dónde escapar. No quería que Cristian supiera la razón de su visita al negocio de la diseñadora. De todas formas, sabía que hasta que no hablase con Sofía su exuberante novia no se quedaría tranquila. Tal vez así se enteraba de qué quería Cintia pues su secretismo le llamaba la atención. Por trabajo habían anulado las vacaciones que tenían planeadas en Grecia y casi mejor pensando en la situación política del país heleno.
Al llegar a su casa tras dejar a su chica en su apartamento iba a tocar el timbre del piso de su vecina, pero por mucho dolor de cabeza que Cintia le había puesto con el tema no eran horas; sin embargo, todas las mañanas desayunaban en una cafetería que había enfrente del edificio donde vivían que era otro edificio de pisos. Allí le abordaría y le preguntaría sobre lo que había pasado en el taller de costura. Aunque su vecina le provocaba meterse con ella a todas horas, era de los que no se quedaban con una sola versión de una historia.


Cristian tardó dos días en coincidir con su vecina en la cafetería, pero antes de que ella fuese a casa a cenar. Vestía una camiseta verde con una falda de punto color crema que le llegaba hasta las rodillas y una chaqueta del mismo tono y tejido que la falda apoyada sobre sus hombros. Leía un periódico y tomaba un sándwich vegetal con un vaso de mosto. Sin mediar palabra él se sentó y le quitó el periódico mientras pedía una caña de cerveza y un aperitivo caliente.
-         Bueno. Vamos a ver las noticias- le dijo con cinismo.
-         ¿Debo recordarle que la cafetería no tiene periódicos para leer sólo, sino que son los que venden a los clientes? O sea; es mi periódico- recalcó las últimas palabras enfadada.
-         No se ponga así. Con lo guapa que es y lo fea que se pone cuando se enfada- bromeó.
-         Supongo que esto de sentarse en mi mesa es por la visita de su novia a mi taller- dijo antes de beber un poco de mosto. Había decidido calmarse. Si no le seguía el juego él no le dejaría tomar su aperitivo bien ganado tras el trabajo de la mañana con el traje de novia de la chica que sufrió el escándalo de Cintia cuando visitó la tienda.
Cristian comía su frito de pimiento del piquillo con salsa verde bañándolo. Estaba degustando el aperitivo al tiempo que miraba burlón a su vecina.
-         Que aproveche. Parece que no has comido en días o vienes de África.
-         Está riquísimo. Deberías dejar los vegetales. Siempre con tu sándwich vegetal. Lo que te pierdes- y bebió de su fresca caña.
-         Prefiero los que hago yo.
-         ¿Sabes cocinar? ¡Qué sorpresa! Coses, cocinas. A lo mejor resulta que eres una gran mujer.
-         ¿Vamos a hablar de tu novia o vas a seguir haciéndome perder el tiempo? A mí no me hace nadie las cosas. No tengo una asistenta por horas que me arregle la casa.
-         Veo que me vigilas- terminó su cerveza.
-         Yo no. La señora Itziar. Ya sabes que gusta de tener a la gente informada.


-         Esa petarda… Bueno. No sé qué pasó en tu negocio, pero llevo dos días con dolor de cabeza por tu desprecio a Cintia. ¿Sería mucho pedir atenderla y pedirle disculpas?
-         ¡Tú sueñas! Le atenderé pero no voy a pedir perdón a una tía que va de diva por la vida y cree que puede hacer que yo desatienda a una novia que se va a casar la semana próxima. No sé a qué te dedicas, pero creo que tus clientes son atendidos por orden, no porque sean más que otros. ¿O sí?
Cristian tuvo que darle la razón a Sofía. Conocía a Cintia y creía a su vecina. Pero consiguió que la diseñadora diese una cita a la rubia. Antes de irse cada uno a su casa ella le preguntó qué tipo de estilo quería, pues Cintia dijo que era algo muy especial y le urgía. Pensó que era algo referente a algún evento junto a su novio. Cuando vio a su vecino pensativo se dio cuenta de que él no tenía ni idea de lo que quería la rubia.

-         Tal vez quiera darle una sorpresa- intentó arreglar su metedura de pata.
-         Tranquila. Ahora que recuerdo tenemos una celebración por nuestros seis meses juntos- le mintió sonriéndole por primera vez de una forma agradable; sin cinismos ni bromas de mal gusto. Incluso, Cris pagó la cuenta de los dos en la cafetería.


Marian García Jimeno.



lunes, 7 de septiembre de 2015

ESAS NOVELAS DE ROMANCE QUE SON MÁS BIEN ERÓTICAS QUE DE AMOR.

Hoy he mandado un correo para recordar a la editorial que ya pasó el tiempo sugerido de espera y para, sin meterles prisa, ponernos en marcha con la presentación de "Luna roja". Me han dicho que la distribuidora está en ello.


Por lo demás sigo escribiendo mi nueva novela romántica "Libre, rara, bella" que va a ser bastante más aséptica que la que envié al concurso Terciopelo de Ediciones Roca. No me entra en la cabeza que si no pones una escena extra subida de tono no haya éxito en una novela romántica. El que ahora quienes quieren escribir romanticismo deben ponerse con la novela erótica no me vale. Una cosa es que el sexo esté dentro de una relación romántica, y otra que sólo se escriba de sexo.


Como decía alguien sobre "Cincuenta sombras de Grey", si Christian Grey no fuese multimillonario, la historia sería de un psicópata bastante peligroso y no de amor como quieren pintarla; y eso que yo no soy de historias románticas normales. ¡Vamos! Que lío la trama bien. No soy de historias cargantes y aburridas.


Pero volviendo a las historias románticas; si las novelas de Jane Austen siguen vendiéndose y no creo que tocase el sexo abiertamente en la época que ella escribía.
Bueno. Así estamos. Escribiendo nuevas historias mientras llega la presentación en Pamplona y pensando qué hacer con la historia. ¿Auto publicarla y hacerlo con la misma empresa o probar con otra empresa de auto publicación?



Marian García Jimeno.

lunes, 31 de agosto de 2015

SEPTIEMBRE, DULCE SEPTIEMBRE.

Ya tocaba que llegase el mes de septiembre. Lo siento por quienes se les acaba las vacaciones, pero he esperado que comience septiembre para hacer las gestiones de la presentación en Pamplona de mi novela "Luna Roja". Con gusto volvería a Sevilla y ya no sería sólo el equipo de la editorial y mis padres; además de que el día 15 es en el pueblo la fiesta del trigo, en Cazorla, Jaén. Y con suerte, tendríamos una temperatura más agradecida. Volver por la calle Sierpes y la paralela Tetuán. Calles comerciales y emblemáticas de Sevilla.


No sé si se me trabará la lengua y me pondré nerviosa en la lectura y explicación de la novela, así como en la firma, está vez sí, de libros de ella; pero será el arranque de la obra en las librerías, ¡qué ya es hora!
Mientras esto llega sigo con mis escritos porque como dice Stephen King, 'un escritor debe leer mucho y escribir mucho'. Y eso hago.


Aparte está mi trabajo habitual cuidando personas mayores y mis exámenes para conseguir estudiar Cuidado de Auxiliar de Geriatría en clínicas privadas; aunque lo que deseo es dedicarme a esto profesionalmente. Algo que decidí a los 13 años y que el tiempo y las circunstancias han retrasado, pero no es algo imposible.
Por hoy no tengo mucho más que contar.




Por cierto, en Amazon.com.usa está mi libro en los dos formatos en edición española, pero como digo, hay que poner mi nombre pues hay varios libros con el mismo nombre, Luna Roja de María Ángeles García Jimeno. También en Amazon.mx está pero en formato digital y con el mismo problema de búsqueda. 
Por lo visto la Luna roja llama a muchos escritores.

Marian García Jimeno.

miércoles, 26 de agosto de 2015

SEGUIMOS CON MI NOVELA...:)

Subió las cosas dos viajes en el ascensor pues llevaba garrafas de agua de seis litros cada una y las cajas de leche también pesaban bastante. En el último viaje subió con su vecina cuya puerta daba a la de su piso. En cada planta había cuatro pisos. Era una mujer que gustaba de saberlo siempre todo y que estaba siempre chismorreando por las visitas de las novias ocasionales de Cristian Martos. La nueva era una prepotente rubia y esbelta mujer que sabía la admiración que levantaba en los hombres y la envidia en las mujeres.
-         ¡Vaya! Si nos hace falta algo ya sabemos dónde pedir si está la tienda cerrada- bromeó la mujer.
-         Es mejor comprar lo que se necesita pues este supermercado también está cerrado. Y en caso que dé algo, lo cobra bastante más caro, señora Lasa- le contestó sin mostrarse nada divertida con el tono gracioso de su entrometida vecina.


Por fin, cuando entró en la casa se sintió libre de tanta gente que le hacía sentir mal. Cristian, guapo pero vacío; y su vecina de al lado una chismosa que se pasaba el día buscando cotilleos y juzgando a la gente. Decidió ponerse música de iglesia que le relajase mientras colocaba las cosas. Ella misma sabía que alguien que almacenaba tanta comida podía ser tomada por loca. Pero era mejor prevenir y sus víveres eran sólo por un mes. Según bajaban iba reponiendo. Hacía dos semanas se había roto una tubería en la calle y tuvo que darles a sus padres dos garrafas hasta que la avería se arregló. De normal almacenaba ocho garrafas.
Cristian llegó y enseguida tenía a doña Itziar Lasa comentándole lo agria que era Sofía. Él escuchó divertido como ponía verde a su vecina favorita. Le llamaba esa mujer tan peculiar. Bastante suave fue Sofía con su contestación. ¿De verdad pensaba esa mujer que se creía mejor que nadie por ir a misa y rezar el rosario  que su joven vecina iba a regalar lo que a ella le costaba dinero? “A pedir a Cáritas, loba”, pensó Cris.


Por la tarde Sofía estaba en su taller de costura y diseño cuando la nueva conquista de Cristian, Cintia, entró a la tienda.
-         ¡Buenas tardes! Quiero que me haga un diseño para una celebración especial. Tengo que decirle a mi novio…
-         Un momento- le dijo levantando la mano al tiempo para pararle-. Aquí hay un orden de atención. Ahora estoy con una prueba de un vestido de novia. Se sienta en uno de esos bancos y espera.
-         Pero es muy importante- protestó la rubia.
-         No creo que lo sea tanto. Esta chica se casa dentro de dos semanas y no veo que lo suyo sea más importante. Siéntese- y le señala un saliente de cemento de la pared con cojines encima en color beige y rosa pálido.


Cintia tuvo que resignarse. Sofía volvió al interior del taller donde una joven de unos veinte años vestía un modelo de novia con un escote parecido al de Bella en la película de Disney de “La bella y la Bestia” del que colgaban unas flores azules en pedrería por donde se recogían los pliegues y la falda era de organza sin el detalle que había arriba. Sofía había convencido a la chica para tener una falda menos abultada y nada parecida a la de Bella. Con el escote ya estaba bien cercana a su princesa de Disney. Como el vestido era amarillo habían elegido un suave color champán con bordados blancos en el cuerpo. Sofía se dio por satisfecha.
-         Creo que la próxima semana ya puedes venir a por el vestido.
-         Eres un genio, Sofía. Reconozco que era una locura vestir como Bella- dijo la chica sonriente-. Pero has hecho un trabajo fantástico.
-         Cada cual viste como quiere- le sonrió a la muchacha y luego le indicó que podía quitarse el vestido y ponerse la ropa normal.
Fuera, una furiosa  Cintia estaba ya nerviosa.
-         Bueno. Como no te calmes no te atiendo.
-         ¡Encima! ¡Tú no sabes con quién te metes!
-         Con la tía nueva de mi vecino Cristian, ¿adivino?- le contestó cínica.
-         ¡Serás zorra!
-         Si es por astuta, sí. Pero no metamos a esos bellos animales en la conversación. Espera que se vaya la novia y que te calmes. No suelo pillar bien lo que me piden cuando es de malas maneras y nerviosas.
La muchacha salió de dentro asustada por la conversación. Sacó un sobre con unos billetes dentro y dijo que el resto lo pagaría la semana siguiente, cuando recogiese el vestido. Sofía le dijo que no se preocupase. Guardó el dinero tras contarlo y apuntó la cantidad entregada en un libro con el nombre de la chica.
Cuando se fue por la puerta fue Sofía la que chilló a la exuberante rubia.
-         Mira bonita. ¡Última vez que te quiero ver por aquí! Hay muchos talleres en la ciudad, así que puerta- y le señaló  la salida del local.
-         Tú te vas a acordar. Cris va a enterarse de esto.
-         ¿También de que querías hacerte un vestido para una ocasión especial?
Sofía la tenía cogida. Cintia se juró vengarse. Y sí, había muchos talleres; pero ella era la mejor, por desgracia.
En casa de Cristian su chica se quejaba de cómo le había tratado la diseñadora. En cierta forma, él agradecía que de vez en cuando alguien le bajase los humos a su novia. No soportaba esos aires de diva que se daba. Pero al ser Sofía era un problema que iba a durar bastante. Tenía que hablar con su vecina y decirle por qué no había atendido a su novia. Otra cosa. ¿A qué había ido Cintia a la tienda de Sofía?

Marian García Jimeno.

domingo, 23 de agosto de 2015

MI NUEVA NOVELA ROMÁNTICA... ME HE VICIADO.

LIBRE, RARA, BELLA.
1
El día amaneció nublado en la ciudad. A veces los rayos del sol se colaban entre las nubes y los árboles y las zonas verdes de la ciudad recuperaban su tonalidad apetecible. En la periferia, no lejos de la ciudad, había un grupo de edificios modernos al lado de una hamburguesería de una cadena bien conocida por su payaso, una empresa de bricolaje y otros elementos para mayoristas como para particulares y una escuela con barrotes de colores vivos que dejaban ver a los niños de la guardería y las primeras clases la calle. Todo luego rodeado de chalets y adosados de menor tamaño combinados con otros que tenían mayor tamaño y ático con garaje exterior mientras los primeros tenían resguardados con una puerta los coches en el interior de la casa.
Sofía vivía en uno de los pisos que se situaban enfrente a los chalets pequeños en una tercera planta. Cuando consiguió tener un buen trabajo que le diese libertad para dejar el adosado en el que vivía con sus padres decidió independizarse. Ya le tocaba. Había traspasado hacía bastante tiempo los treinta años. Pero estar tan cerca de la casa no le libraba de las visitas de su controladora madre. Más de una vez había pensado en cambiar la cerradura o quitarle las llaves que la mujer tenía por si acaso pasaba algo. Pero una cosa era que las tuviese en caso de emergencia y otra tenerla cada dos por tres en la casa.


Aquella mañana tenía fiesta en el trabajo y aprovechó para comprar para todo el mes. Se hizo una lista grande de cosas, pero necesarias y fue al supermercado más barato del que era cliente habitual. Tenía varios, pero ese en concreto le hacía descuentos y le venía bien para la compra mensual. Aunque a veces tuviese que comprar de más, no era lo habitual.
La cajera le saludó. Era una chica gordita que siempre veía a la gente llevarse carros enteros llenos de alimentos y otros productos. Sin embargo, Sofía solía llenarlo más de comida que de otras cosas. Dejaba los productos de limpieza para comprarlos sobre la marcha.
-         ¡Hola, Aurora! ¿Hay buenas ofertas?- preguntó.
-         Tú siempre consigues encontrar ofertas aunque no las haya.
-         Mira que eres exagerada. Sólo cuido mi economía familiar, pero no soy tan terrible con los precios. De vez en cuando me doy un capricho.
-         Ya. Si te veo muchos chocolates y helados- dijo irónica la cajera.
Sofía dejó a la cajera con su trabajo y fue a coger su compra. Cuando iba a coger unos paquetes de harina de trigo oyó una voz detrás de ella. Era su vecino Cristian, un tipo de unos ochenta kilos y metro con setenta o metro con ochenta centímetros. Era moreno con alguna cana y unos ojos azules que impresionaban a cualquier mujer. A Sofía le llamaba su belleza varonil, pero su carácter chulesco no le hacía ninguna gracia. Hacía menso de un mes que él había ido a vivir al piso de enfrente de su casa y ya habían tenido algún encontronazo.


-         ¿Me dejará algún paquete de harina o piensa vaciar el supermercado?- le preguntó burlón fijándose en el carro de la compra donde había doce cajas de leche desnatada y barras de pan congeladas para terminar de hacerlas en el horno.
-         ¿También compra aquí?- preguntó molesta.
-         Yo también me preocupo de mi economía- le sonrió con picardía.
-         Ya he terminado- le dijo al coger cuatro paquetes y lo dejó allí maldiciendo habérselo encontrado.

Como había dicho a la cajera se hizo con dos tabletas de chocolate amargo de un porcentaje alto de cacao y unos helados de chocolate negro y nata pequeños tipo Magnum sin azúcar. Por suerte su vecino seguía comprando, así que pudo irse del supermercado en su Audi 3 de color negro. Su trabajo como modista y diseñadora se lo permitía.

Marian García Jimeno.

jueves, 20 de agosto de 2015

EL MEJOR LIBRO.

Bueno. Terminada la novela y preparada para llevar a Correos en sello urgente. Mejor no fiarnos de la semana que queda hasta el final de recogida de novelas al certamen; pasamos a escribir después de tanto tiempo sin hacer caso al blog.
Ayer estaba pensando en comprarme una tableta o un aparato kindle para almacenar los libros que quiero llevar siempre conmigo. Sin embargo, me llama más una tableta pues es ordenador al mismo tiempo y puedo trabajar en cualquier sitio.
Los que me conocen saben que eso del libro electrónico no es lo mío. Lo que huele un libro en papel nuevo o viejo es algo que no tendrá jamás el electrónico. Pero para algunas ocasiones, llevar un kindle con las cosas que me gustan o precise en ciertas reuniones es ya indispensable. 


No por el espacio que ocupan. Seguro que sólo metería descargas que no llegarían a diez y fuesen necesarias para mis trabajos o llevar las Escrituras y libros de Autoayuda que me llenen en un momento dado. A mí ver bibliotecas llenas de libros me encanta. se me cae, literalmente, la baba. tengo una amiga amante de los libros como yo y cuando pone fotos de librerías grandes en palacios o con decoración en sus edificios propios de museos creo que me perdería, pero no pediría auxilio.
En las ferias donde hay libros antiguos o usados, me pierdo más que si pasase por un bazar mirando ropa. Solamente una cosa iguala a los libros y son los lugares de artesanía africana o lugares llenos de papiros egipcios; y las piedras semipreciosas o un lugar lleno de cosas esotéricas como el Tarot. ¿Qué voy a hacer? Creo en esas cosas, pero he aprendido a diferenciar a los parlanchines de los que echan bien las cartas. No me gustan los que se encomiendan a todos los santos antes de barajar. haz la pregunta mientras barajas y contesta concretamente, y de paso si se crea un vínculo en el que el tarotista te aconseja como amigo y no intenta darte una respuesta que desees, mucho mejor. Los que buscan agradar no son buenos.
Volviendo a los libros, en casa tengo libros de cuando mi padre estudiaba; libros que compró cuando yo era pequeña como las Obras Completas de Federico García Lorca o Miguel de Cervantes y Saavedra; una colección de obras de los maestros rusos como Dostoievsky. Así es fácil terminar como escritora. Cada vez que esos libros han caído en mis manos ese aroma especial  que poseen no lo tiene un libro electrónico que debe cargarse cada cierto tiempo y no tiene, ni de pasada, la duración de un libro en papel. Y si vas a la playa ni se te ocurra llevar un kindle pues la arena y el calor puede estropearlo. pero lo dicho: para ciertas ocasiones voy a tener que pensarme lo de tener una tableta... Aunque donde esté la tableta de un buen mozo o una tableta de chocolate negro y amargo.
No he podido evitar soltar el chiste de rigor.:D




Marian García Jimeno.