Hoy he mandado un correo para recordar a la editorial que ya pasó el tiempo sugerido de espera y para, sin meterles prisa, ponernos en marcha con la presentación de "Luna roja". Me han dicho que la distribuidora está en ello.
Por lo demás sigo escribiendo mi nueva novela romántica "Libre, rara, bella" que va a ser bastante más aséptica que la que envié al concurso Terciopelo de Ediciones Roca. No me entra en la cabeza que si no pones una escena extra subida de tono no haya éxito en una novela romántica. El que ahora quienes quieren escribir romanticismo deben ponerse con la novela erótica no me vale. Una cosa es que el sexo esté dentro de una relación romántica, y otra que sólo se escriba de sexo.
Como decía alguien sobre "Cincuenta sombras de Grey", si Christian Grey no fuese multimillonario, la historia sería de un psicópata bastante peligroso y no de amor como quieren pintarla; y eso que yo no soy de historias románticas normales. ¡Vamos! Que lío la trama bien. No soy de historias cargantes y aburridas.
Pero volviendo a las historias románticas; si las novelas de Jane Austen siguen vendiéndose y no creo que tocase el sexo abiertamente en la época que ella escribía.
Bueno. Así estamos. Escribiendo nuevas historias mientras llega la presentación en Pamplona y pensando qué hacer con la historia. ¿Auto publicarla y hacerlo con la misma empresa o probar con otra empresa de auto publicación?
Marian García Jimeno.
Un blog donde compartir la novela "Luna Roja" y sus siguientes partes, así como otras historias de fantasía.
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lunes, 7 de septiembre de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
SEGUIMOS CON MI NOVELA...:)
Subió las
cosas dos viajes en el ascensor pues llevaba garrafas de agua de seis litros
cada una y las cajas de leche también pesaban bastante. En el último viaje
subió con su vecina cuya puerta daba a la de su piso. En cada planta había cuatro
pisos. Era una mujer que gustaba de saberlo siempre todo y que estaba siempre
chismorreando por las visitas de las novias ocasionales de Cristian Martos. La
nueva era una prepotente rubia y esbelta mujer que sabía la admiración que
levantaba en los hombres y la envidia en las mujeres.
-
¡Vaya!
Si nos hace falta algo ya sabemos dónde pedir si está la tienda cerrada- bromeó
la mujer.
-
Es
mejor comprar lo que se necesita pues este supermercado también está cerrado. Y
en caso que dé algo, lo cobra bastante más caro, señora Lasa- le contestó sin mostrarse
nada divertida con el tono gracioso de su entrometida vecina.
Por fin,
cuando entró en la casa se sintió libre de tanta gente que le hacía sentir mal.
Cristian, guapo pero vacío; y su vecina de al lado una chismosa que se pasaba
el día buscando cotilleos y juzgando a la gente. Decidió ponerse música de
iglesia que le relajase mientras colocaba las cosas. Ella misma sabía que
alguien que almacenaba tanta comida podía ser tomada por loca. Pero era mejor
prevenir y sus víveres eran sólo por un mes. Según bajaban iba reponiendo.
Hacía dos semanas se había roto una tubería en la calle y tuvo que darles a sus
padres dos garrafas hasta que la avería se arregló. De normal almacenaba ocho
garrafas.
Cristian
llegó y enseguida tenía a doña Itziar Lasa comentándole lo agria que era Sofía.
Él escuchó divertido como ponía verde a su vecina favorita. Le llamaba esa
mujer tan peculiar. Bastante suave fue Sofía con su contestación. ¿De verdad
pensaba esa mujer que se creía mejor que nadie por ir a misa y rezar el
rosario que su joven vecina iba a
regalar lo que a ella le costaba dinero? “A pedir a Cáritas, loba”, pensó Cris.
Por la tarde
Sofía estaba en su taller de costura y diseño cuando la nueva conquista de
Cristian, Cintia, entró a la tienda.
-
¡Buenas
tardes! Quiero que me haga un diseño para una celebración especial. Tengo que
decirle a mi novio…
-
Un
momento- le dijo levantando la mano al tiempo para pararle-. Aquí hay un orden
de atención. Ahora estoy con una prueba de un vestido de novia. Se sienta en
uno de esos bancos y espera.
-
Pero
es muy importante- protestó la rubia.
-
No
creo que lo sea tanto. Esta chica se casa dentro de dos semanas y no veo que lo
suyo sea más importante. Siéntese- y le señala un saliente de cemento de la
pared con cojines encima en color beige y rosa pálido.
Cintia tuvo
que resignarse. Sofía volvió al interior del taller donde una joven de unos
veinte años vestía un modelo de novia con un escote parecido al de Bella en la
película de Disney de “La bella y la Bestia” del que colgaban unas flores
azules en pedrería por donde se recogían los pliegues y la falda era de organza
sin el detalle que había arriba. Sofía había convencido a la chica para tener una
falda menos abultada y nada parecida a la de Bella. Con el escote ya estaba
bien cercana a su princesa de Disney. Como el vestido era amarillo habían
elegido un suave color champán con bordados blancos en el cuerpo. Sofía se dio
por satisfecha.
-
Creo
que la próxima semana ya puedes venir a por el vestido.
-
Eres
un genio, Sofía. Reconozco que era una locura vestir como Bella- dijo la chica
sonriente-. Pero has hecho un trabajo fantástico.
-
Cada
cual viste como quiere- le sonrió a la muchacha y luego le indicó que podía
quitarse el vestido y ponerse la ropa normal.
Fuera, una
furiosa Cintia estaba ya nerviosa.
-
Bueno.
Como no te calmes no te atiendo.
-
¡Encima!
¡Tú no sabes con quién te metes!
-
Con
la tía nueva de mi vecino Cristian, ¿adivino?- le contestó cínica.
-
¡Serás
zorra!
-
Si
es por astuta, sí. Pero no metamos a esos bellos animales en la conversación.
Espera que se vaya la novia y que te calmes. No suelo pillar bien lo que me
piden cuando es de malas maneras y nerviosas.
La muchacha
salió de dentro asustada por la conversación. Sacó un sobre con unos billetes
dentro y dijo que el resto lo pagaría la semana siguiente, cuando recogiese el
vestido. Sofía le dijo que no se preocupase. Guardó el dinero tras contarlo y
apuntó la cantidad entregada en un libro con el nombre de la chica.
Cuando se
fue por la puerta fue Sofía la que chilló a la exuberante rubia.
-
Mira
bonita. ¡Última vez que te quiero ver por aquí! Hay muchos talleres en la
ciudad, así que puerta- y le señaló la
salida del local.
-
Tú
te vas a acordar. Cris va a enterarse de esto.
-
¿También
de que querías hacerte un vestido para una ocasión especial?
Sofía la
tenía cogida. Cintia se juró vengarse. Y sí, había muchos talleres; pero ella
era la mejor, por desgracia.
En casa de Cristian su chica se quejaba de cómo le había tratado la
diseñadora. En cierta forma, él agradecía que de vez en cuando alguien le bajase los
humos a su novia. No soportaba esos aires de diva que se daba. Pero al ser
Sofía era un problema que iba a durar bastante. Tenía que hablar con su vecina
y decirle por qué no había atendido a su novia. Otra cosa. ¿A qué había ido
Cintia a la tienda de Sofía?Marian García Jimeno.
domingo, 23 de agosto de 2015
MI NUEVA NOVELA ROMÁNTICA... ME HE VICIADO.
LIBRE, RARA, BELLA.
1
El día amaneció
nublado en la ciudad. A veces los rayos del sol se colaban entre las nubes y
los árboles y las zonas verdes de la ciudad recuperaban su tonalidad
apetecible. En la periferia, no lejos de la ciudad, había un grupo de edificios
modernos al lado de una hamburguesería de una cadena bien conocida por su
payaso, una empresa de bricolaje y otros elementos para mayoristas como para
particulares y una escuela con barrotes de colores vivos que dejaban ver a los
niños de la guardería y las primeras clases la calle. Todo luego rodeado de
chalets y adosados de menor tamaño combinados con otros que tenían mayor tamaño
y ático con garaje exterior mientras los primeros tenían resguardados con una
puerta los coches en el interior de la casa.
Sofía vivía
en uno de los pisos que se situaban enfrente a los chalets pequeños en una
tercera planta. Cuando consiguió tener un buen trabajo que le diese libertad
para dejar el adosado en el que vivía con sus padres decidió independizarse. Ya
le tocaba. Había traspasado hacía bastante tiempo los treinta años. Pero estar
tan cerca de la casa no le libraba de las visitas de su controladora madre. Más
de una vez había pensado en cambiar la cerradura o quitarle las llaves que la
mujer tenía por si acaso pasaba algo. Pero una cosa era que las tuviese en caso
de emergencia y otra tenerla cada dos por tres en la casa.
Aquella
mañana tenía fiesta en el trabajo y aprovechó para comprar para todo el mes. Se
hizo una lista grande de cosas, pero necesarias y fue al supermercado más barato
del que era cliente habitual. Tenía varios, pero ese en concreto le hacía
descuentos y le venía bien para la compra mensual. Aunque a veces tuviese que
comprar de más, no era lo habitual.
La cajera le
saludó. Era una chica gordita que siempre veía a la gente llevarse carros
enteros llenos de alimentos y otros productos. Sin embargo, Sofía solía
llenarlo más de comida que de otras cosas. Dejaba los productos de limpieza
para comprarlos sobre la marcha.
-
¡Hola,
Aurora! ¿Hay buenas ofertas?- preguntó.
-
Tú
siempre consigues encontrar ofertas aunque no las haya.
-
Mira
que eres exagerada. Sólo cuido mi economía familiar, pero no soy tan terrible
con los precios. De vez en cuando me doy un capricho.
-
Ya.
Si te veo muchos chocolates y helados- dijo irónica la cajera.
Sofía dejó a
la cajera con su trabajo y fue a coger su compra. Cuando iba a coger unos
paquetes de harina de trigo oyó una voz detrás de ella. Era su vecino Cristian,
un tipo de unos ochenta kilos y metro con setenta o metro con ochenta
centímetros. Era moreno con alguna cana y unos ojos azules que impresionaban a
cualquier mujer. A Sofía le llamaba su belleza varonil, pero su carácter
chulesco no le hacía ninguna gracia. Hacía menso de un mes que él había ido a
vivir al piso de enfrente de su casa y ya habían tenido algún encontronazo.
-
¿Me
dejará algún paquete de harina o piensa vaciar el supermercado?- le preguntó
burlón fijándose en el carro de la compra donde había doce cajas de leche
desnatada y barras de pan congeladas para terminar de hacerlas en el horno.
-
¿También
compra aquí?- preguntó molesta.
-
Yo
también me preocupo de mi economía- le sonrió con picardía.
-
Ya
he terminado- le dijo al coger cuatro paquetes y lo dejó allí maldiciendo habérselo
encontrado.
Como había
dicho a la cajera se hizo con dos tabletas de chocolate amargo de un porcentaje
alto de cacao y unos helados de chocolate negro y nata pequeños tipo Magnum sin
azúcar. Por suerte su vecino seguía comprando, así que pudo irse del
supermercado en su Audi 3 de color negro. Su trabajo como modista y diseñadora
se lo permitía.
Marian García Jimeno.
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