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lunes, 1 de enero de 2018

BIENVENIDO 2018.

Hemos pasado al nuevo año y con ilusiones renovadas en mis proyectos literarios. Seguimos con la revisión de "Secretos en Cuarto Creciente", la segunda parte de "El ángel" y la promoción de "Recuerdos perdidos" que no prometo que no escriba una segunda parte. Cuando me enamoro de mis personajes esto es lo que ocurre. Además tengo pendiente la tercera parte de esta trilogía que ya tengo bastante tiempo parada; pero me gusta tener buena información real de los temas que toco. En este caso, la Historia egipcia de los faraones.


En este nuevo año es importante para mí aparecer en todo certamen literario que pueda presentarme- aparte de tener un trabajo con el que mantenerme-; y entre ellos, el Premio PLANETA. Si no me presento no tengo posibilidades de ganar. Alguno de mis amigos dice que es un proyecto muy amplio; pero debes soñar en grande para conseguir tus proyectos.
Este es el año de trabajar de verdad en la Literatura y de pasearnos por librerías para que "El ángel" pueda ser conocido. Como sabéis, tanto éste como "Recuerdos perdidos"- que se pide por Amazon- se consiguen por esta web buscando los libros por mi nombre (María Ángeles García Jimeno), pues los escritores solemos caer en el error de poner el mismo título a nuestros trabajos.




Para terminar, que vuestros proyectos y sueños se cumplan también.
Partamos agradeciendo lo que tenemos para ser bendecidos con lo que queremos tener.
¡Feliz Año Nuevo 2018!



Marian García Jimeno.

domingo, 17 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD (II).

La mañana amaneció fría. Un poco menos y habría nevado.  En las montañas que se veían a lo lejos se veía algo de nieve. Seguramente, en San Miguel de Aralar estaba nevando.Desde Pamplona se veía la cima y el aire frío venía de allí y otros montes.
Laura pensó en el extraño. Con ese tiempo ni un "acogedor" cajero le quitaría del frío, y su perro por muy protegido por su bello pelaje color canela también pasaría frío. Esperaba que se le ocurriese ir a algún albergue a dormir y que tuviese para una sopa caliente y comida para el animal.
Se quedó parada unos segundos pensando que su preocupación desde que se había levantado era por ese mendigo. ¿Tan extrañada estaba de que un pobre hombre fuese honrado? ¿Era acaso una más de la sociedad que odiaba a los parias y los creía criminales? De normal eran gamberros como los que le atacaron a ella los que quemaban en vivo y apaleaban a esos pobres mendigos sin importarles si eran hombres o mujeres, jóvenes o viejos.
Miró el reloj y vio que llegaba tarde a trabajar. Terminó de arreglarse y se fue camino de su empleo.


Pasó por varios lugares donde había mendigos acurrucados, pero ninguno se parecía a aquel hombre. Ninguno tenía un perro tan hermoso y bien cuidado, y eso que los "sin techo" se desvivían por sus únicos compañeros de viaje.
- Eres imbécil. Te estás obsesionando  con un hombre de la calle sólo porque te salvó el cuello- se dijo.
Un hombre de piel castigada que pedía en una iglesia pero vestía una vieja americana con una camisa de cuadros amarilla y una corbata azul le pidió algo para comer. Ni siquiera monedas. Su aspecto indicaba a un hombre noble, castigado por la vida que se negaba a olvidarse de quién fue en otro tiempo. Cerca había una tienda de ultramarinos y pidió que le hiciesen un bocadillo de chorizo y le diesen un botellín de agua. Cuando salió el hombre no estaba. En su lugar estaba el mendigo que le salvó del atraco con su perro Mikael.
- ¿Y el otro hombre?- preguntó extrañada.
- Sólo estaba yo. Por cierto; me llamo Immanuel. Es hebreo, pero significa lo mismo que Emmanuel.
- No sé hebreo.
- "Dios está con nosotros".
- ¿Tu perro se llama Mikael y tú Immanuel?
- Mi madre era muy devota. ¿Eso es para mí?- le preguntó mirando el bocadillo y el agua.
- Era para el otro hombre, pero como no está, pues sí.
Tras agradecérselo lo partió en cuatro trozos. Guardó dos en una sucia mochila y en un cuenco de plástico echó algo de agua para Mikael. Luego le dio uno de los trozos del bocadillo que había apartado y él se comió el más pequeño de los dos.
- Él es más hambriento que yo. De nuevo, gracias- dijo mirándole con sus brillantes ojos entre miel y verdes.
Aquel hombre con traje y bien aseado quitaría la respiración a cualquiera.
Se levantó y tras recoger sus cosas agarró de la correa a su perro y se despidió con una cautivadora sonrisa.
- Si no  nos vemos, ¡feliz Navidad! Y cuidado donde coges el dinero- le dijo guiñándole un ojo.
Pensó en Christian Grey. ¡Señor! ¡Ese hombre era un mendigo y le daba mil vueltas!
Un impulso le llevó a entrar en la parroquia donde había visto al primer mendigo. Estaba allí en un banco cercano al altar.
- ¿Dónde se ha metido? Fui a comprarle algo para comer.
Extrañado, el hombre la miró y dijo que con el frío no había salido de la iglesia pues el párroco le había ofrecido dormir esa noche allí y un poco de caldo de la hermana Teresa.
De pronto cayó en la cuenta de que el Cristo de uno de los lados de la pared no estaba.
La monja apareció y dijo que hacía una semana que el llamado Cristo del Perdón había desaparecido del retablo, pero no había huellas de haber sido arrancado. Los fieles estaban muy alterados pues la talla era de las más hermosas. Laura no era muy católica pero la descripción le dejó de piedra: ojos de color miel, delgado pero no escuálido como otras tallas y acompañado de un precioso perro color canela a sus pies.
Tenía que ser una coincidencia. ¿Por qué tallar un Cristo con un perro?

Marian García Jimeno.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD (I).

Laura iba a sacar dinero del cajero automático cuando vio en el suelo protegido por cartones y una sucia manta a un mendigo. A sus pies estaba un perro de color canela muy bien cuidado. Era atípico que ese bello animal pudiese estar con ese hombre que dormía y tenía barba de varios días..
La joven decidió no entrar. Aunque necesitaba sacar dinero prefirió estar a salvo de ese mendigo, aunque su perro tan limpio le extrañaba por el aspecto tan descuidado de él.


Buscó otro cajero y decidió utilizar uno que daba a la calle en vez de meterse en uno interior. Cuando ya tenía el dinero en sus manos e iba a guardar su tarjeta de crédito dos jóvenes le llamaron con intención de quitarle el bolso: documentación, tarjetas, dinero... En ese momento se le pasó por la cabeza que tal vez  debió fiarse del cajero donde dormía ese mendigo.
- Venga, tía. El dinero o te rajamos- dijo uno de los jóvenes enseñando una navaja.
Iba a entregar el botín a sus amenazadores atracadores cuando el bello perro del mendigo ladró a los jóvenes que no parecían tener mucho equilibrio. Detrás apareció el mendigo que no tuvo que hacer mucho para desarmar al chico de la navaja. El miedo no le quitó el poder de observación a Laura que vio un brillo especial en los ojos de color miel del hombre.


Ahora no le resultaba tan peligroso y mugriento. Incluso tenía cierto atractivo en su mirada acaramelada.
Cuando los chicos huyeron el perro se calmó y él le aconsejó que confiase en los cajeros donde duermen los mendigos.
- Solamente buscamos calor en estos días fríos.
- Lo siento.
- Hoy no tienes que sentirlo, pero un gracias no quedaría mal- le dijo sonriendo transmitiendo una paz misteriosa a la chica.
Iba a darle algo del dinero que había sacado cuando él desapareció con su perro al que llamó Mikael.

Marian García Jimeno.