domingo, 17 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD (II).

La mañana amaneció fría. Un poco menos y habría nevado.  En las montañas que se veían a lo lejos se veía algo de nieve. Seguramente, en San Miguel de Aralar estaba nevando.Desde Pamplona se veía la cima y el aire frío venía de allí y otros montes.
Laura pensó en el extraño. Con ese tiempo ni un "acogedor" cajero le quitaría del frío, y su perro por muy protegido por su bello pelaje color canela también pasaría frío. Esperaba que se le ocurriese ir a algún albergue a dormir y que tuviese para una sopa caliente y comida para el animal.
Se quedó parada unos segundos pensando que su preocupación desde que se había levantado era por ese mendigo. ¿Tan extrañada estaba de que un pobre hombre fuese honrado? ¿Era acaso una más de la sociedad que odiaba a los parias y los creía criminales? De normal eran gamberros como los que le atacaron a ella los que quemaban en vivo y apaleaban a esos pobres mendigos sin importarles si eran hombres o mujeres, jóvenes o viejos.
Miró el reloj y vio que llegaba tarde a trabajar. Terminó de arreglarse y se fue camino de su empleo.


Pasó por varios lugares donde había mendigos acurrucados, pero ninguno se parecía a aquel hombre. Ninguno tenía un perro tan hermoso y bien cuidado, y eso que los "sin techo" se desvivían por sus únicos compañeros de viaje.
- Eres imbécil. Te estás obsesionando  con un hombre de la calle sólo porque te salvó el cuello- se dijo.
Un hombre de piel castigada que pedía en una iglesia pero vestía una vieja americana con una camisa de cuadros amarilla y una corbata azul le pidió algo para comer. Ni siquiera monedas. Su aspecto indicaba a un hombre noble, castigado por la vida que se negaba a olvidarse de quién fue en otro tiempo. Cerca había una tienda de ultramarinos y pidió que le hiciesen un bocadillo de chorizo y le diesen un botellín de agua. Cuando salió el hombre no estaba. En su lugar estaba el mendigo que le salvó del atraco con su perro Mikael.
- ¿Y el otro hombre?- preguntó extrañada.
- Sólo estaba yo. Por cierto; me llamo Immanuel. Es hebreo, pero significa lo mismo que Emmanuel.
- No sé hebreo.
- "Dios está con nosotros".
- ¿Tu perro se llama Mikael y tú Immanuel?
- Mi madre era muy devota. ¿Eso es para mí?- le preguntó mirando el bocadillo y el agua.
- Era para el otro hombre, pero como no está, pues sí.
Tras agradecérselo lo partió en cuatro trozos. Guardó dos en una sucia mochila y en un cuenco de plástico echó algo de agua para Mikael. Luego le dio uno de los trozos del bocadillo que había apartado y él se comió el más pequeño de los dos.
- Él es más hambriento que yo. De nuevo, gracias- dijo mirándole con sus brillantes ojos entre miel y verdes.
Aquel hombre con traje y bien aseado quitaría la respiración a cualquiera.
Se levantó y tras recoger sus cosas agarró de la correa a su perro y se despidió con una cautivadora sonrisa.
- Si no  nos vemos, ¡feliz Navidad! Y cuidado donde coges el dinero- le dijo guiñándole un ojo.
Pensó en Christian Grey. ¡Señor! ¡Ese hombre era un mendigo y le daba mil vueltas!
Un impulso le llevó a entrar en la parroquia donde había visto al primer mendigo. Estaba allí en un banco cercano al altar.
- ¿Dónde se ha metido? Fui a comprarle algo para comer.
Extrañado, el hombre la miró y dijo que con el frío no había salido de la iglesia pues el párroco le había ofrecido dormir esa noche allí y un poco de caldo de la hermana Teresa.
De pronto cayó en la cuenta de que el Cristo de uno de los lados de la pared no estaba.
La monja apareció y dijo que hacía una semana que el llamado Cristo del Perdón había desaparecido del retablo, pero no había huellas de haber sido arrancado. Los fieles estaban muy alterados pues la talla era de las más hermosas. Laura no era muy católica pero la descripción le dejó de piedra: ojos de color miel, delgado pero no escuálido como otras tallas y acompañado de un precioso perro color canela a sus pies.
Tenía que ser una coincidencia. ¿Por qué tallar un Cristo con un perro?

Marian García Jimeno.

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