Laura iba a sacar dinero del cajero automático cuando vio en el suelo protegido por cartones y una sucia manta a un mendigo. A sus pies estaba un perro de color canela muy bien cuidado. Era atípico que ese bello animal pudiese estar con ese hombre que dormía y tenía barba de varios días..
La joven decidió no entrar. Aunque necesitaba sacar dinero prefirió estar a salvo de ese mendigo, aunque su perro tan limpio le extrañaba por el aspecto tan descuidado de él.
Buscó otro cajero y decidió utilizar uno que daba a la calle en vez de meterse en uno interior. Cuando ya tenía el dinero en sus manos e iba a guardar su tarjeta de crédito dos jóvenes le llamaron con intención de quitarle el bolso: documentación, tarjetas, dinero... En ese momento se le pasó por la cabeza que tal vez debió fiarse del cajero donde dormía ese mendigo.
- Venga, tía. El dinero o te rajamos- dijo uno de los jóvenes enseñando una navaja.
Iba a entregar el botín a sus amenazadores atracadores cuando el bello perro del mendigo ladró a los jóvenes que no parecían tener mucho equilibrio. Detrás apareció el mendigo que no tuvo que hacer mucho para desarmar al chico de la navaja. El miedo no le quitó el poder de observación a Laura que vio un brillo especial en los ojos de color miel del hombre.
Ahora no le resultaba tan peligroso y mugriento. Incluso tenía cierto atractivo en su mirada acaramelada.
Cuando los chicos huyeron el perro se calmó y él le aconsejó que confiase en los cajeros donde duermen los mendigos.
- Solamente buscamos calor en estos días fríos.
- Lo siento.
- Hoy no tienes que sentirlo, pero un gracias no quedaría mal- le dijo sonriendo transmitiendo una paz misteriosa a la chica.
Iba a darle algo del dinero que había sacado cuando él desapareció con su perro al que llamó Mikael.
Marian García Jimeno.


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