La noche estaba coronada con
una Luna llena entre las nubes que presagiaban un nuevo día nublado y lluvioso.
A las doce de la noche la Luna se veía en la ciudad de unas dimensiones
impresionantes y embrujadoras. El silencio sólo lo rompían las sirenas de
policía, bomberos y ambulancias. A Lucía le parecía que nunca había visto
tantas ambulancias en toda su vida de enfermera en el hospital de Navarra
recién reformado. Por suerte para ella,
su turno terminaba y se iba a casa situada en la periferia de la ciudad, al
norte de ésta.
El barrio de San Jorge a esas
horas estaba transitado por pandilleros, parejas de adolescentes que buscaban
sitios donde deshacerse en caricias y, tal vez, algo más; y extranjeros que no
siempre habían venido con buenas intenciones a España. Por suerte, la joven de
pelo rojizo y grandes ojos verdes iba en su propio coche a su casa. Vestía unos
vaqueros rotos y un jersey de lana gris perla como abrigo. Aunque era marzo, el
tiempo esa noche era más propio de la Navidad.
A la salida del último barrio
de la ciudad el Ford Fiesta rojo que conducía se le paró.
-
¡Mierda!- exclamó enfadada-. Pero si tengo
el depósito lleno.
Se colocó el chaleco
reflectante como pudo y salió del coche
para ver qué había pasado con desgana. Ya era casi la una de la madrugada y
estar en la oscuridad de una carretera sola no le hacía ninguna gracia.
-
¿Tienes algún problema?- oyó
detrás suya una voz de niña.
-
¡Señor, qué susto me has
dado!- dijo al ver a la pequeña a su lado.
La pequeña era una niña rubia
de preciosos ojos azules y rizos que tenía en dos coletas con un lazo rojo en
cada una de ellas que hacían tirabuzones. Llevaba un vestido blanco con un
cuello de encaje muy bien elaborado y un lazo en la cintura de raso rojo sangre
como en su pelo. Sus zapatos eran del mismo color y llevaba unas medias finas
de color crema. Tenía cerca de unos diez años, o eso calculó Lucía.
-
¿Qué haces aquí? No es lugar ni
hora para que una niña esté.
-
Me he perdido. Vivo cerca,
pero estoy un poco perdida. Las noches de Luna llena soy muy despistada.
-
¿Y el resto de las noches?
-
Mi hermano no me deja salir.
Pero en Luna llena está distraído y me escapo- sonrió con cierta inocencia.
Marian García Jimeno.


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