domingo, 17 de mayo de 2015

UN APERITIVO DE "LUNA ROJA".

La noche estaba coronada con una Luna llena entre las nubes que presagiaban un nuevo día nublado y lluvioso. A las doce de la noche la Luna se veía en la ciudad de unas dimensiones impresionantes y embrujadoras. El silencio sólo lo rompían las sirenas de policía, bomberos y ambulancias. A Lucía le parecía que nunca había visto tantas ambulancias en toda su vida de enfermera en el hospital de Navarra recién reformado.  Por suerte para ella, su turno terminaba y se iba a casa situada en la periferia de la ciudad, al norte de ésta.


El barrio de San Jorge a esas horas estaba transitado por pandilleros, parejas de adolescentes que buscaban sitios donde deshacerse en caricias y, tal vez, algo más; y extranjeros que no siempre habían venido con buenas intenciones a España. Por suerte, la joven de pelo rojizo y grandes ojos verdes iba en su propio coche a su casa. Vestía unos vaqueros rotos y un jersey de lana gris perla como abrigo. Aunque era marzo, el tiempo esa noche era más propio de la Navidad.
A la salida del último barrio de la ciudad el Ford Fiesta rojo que conducía se le paró.
-         ¡Mierda!- exclamó enfadada-. Pero si tengo el depósito lleno.
Se colocó el chaleco reflectante como pudo  y salió del coche para ver qué había pasado con desgana. Ya era casi la una de la madrugada y estar en la oscuridad de una carretera sola no le hacía ninguna gracia.
-         ¿Tienes algún problema?- oyó detrás suya una voz de niña.
-         ¡Señor, qué susto me has dado!- dijo al ver a la pequeña a su lado.
La pequeña era una niña rubia de preciosos ojos azules y rizos que tenía en dos coletas con un lazo rojo en cada una de ellas que hacían tirabuzones. Llevaba un vestido blanco con un cuello de encaje muy bien elaborado y un lazo en la cintura de raso rojo sangre como en su pelo. Sus zapatos eran del mismo color y llevaba unas medias finas de color crema. Tenía cerca de unos diez años, o eso calculó Lucía.


-         ¿Qué haces aquí? No es lugar ni hora para que una niña esté.
-         Me he perdido. Vivo cerca, pero estoy un poco perdida. Las noches de Luna llena soy muy despistada.
-         ¿Y el resto de las noches?

-         Mi hermano no me deja salir. Pero en Luna llena está distraído y me escapo- sonrió con cierta inocencia.

Marian García Jimeno.



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