sábado, 30 de mayo de 2015

Aquí otro aperitivo de "Luna Roja". Si algo tiene la novela son los "flashback", o lo que es lo mismo, los giros en el tiempo entre la historia en la actualidad y el pasado de uno de los protagonistas. Pero es sólo un poquito más. seguramente sean mis dos lecturas en la presentación: una actual y otra del tiempo de La Revolución Francesa.
Espero disfrutéis de este adelanto.
Buen sábado.


La mansión de Anjou estaba agitada. Las revueltas de los campesinos del Loira y el levantamiento del pueblo contra los revolucionarios de París era algo que preocupaba bastante a los habitantes de la casa. Los más mayores habían prohibido salir a todos por la noche y aquella noche Alain du Florence apareció exhausto y lleno de terror. Había cabalgado toda la noche desde la mansión Florence.
-         Tranquilo, hijo- le dijo su tía Laura Isabella-. Bebe un poco de vino.
-         ¿Esto es vino?- preguntó Fabien-. Es muy espeso. Parece…
-         Calla- se volvió furiosa hacia su otro sobrino. Tu primo tiene sed.
-         Creo que lo mejor es agua, tía- insistió el joven aristócrata.
Los ojos de la bella mujer se encendieron ante tanta interrupción. Jeannette, la madre de Fabien y hermana mayor de Laura Isabella puso orden.
-         Mi hijo tiene razón. ¡Mozo, trae agua!- le indicó a un sirviente de unos cincuenta años y expresivos ojos azules que ya venía con una bandeja de plata que traía una jarra y un vaso de cristal labrado en tonalidad azul. La señora de la casa sirvió a su sobrino Alain un vaso de agua que se bebió de un trago.
-         ¿Qué ha pasado para que vengas en la noche?- preguntó Fabien-. Ya sabes lo peligroso que es con los campesinos alterados. Y eso que nosotros tenemos buena gente con nosotros- terminó dejando el vaso en la bandeja que sujetaba el sirviente de unos cincuenta años y sonriéndole. Fabien era famoso entre sus familiares por su acercamiento a la servidumbre. Además, donde vivían era una región que iba contra los levantamientos. Varios habían sido los campesinos que habían ido a luchar contra Austria en vez de los nobles, cosa que había disgustado al pueblo;  pero los d’Anjou eran conocidos por su animadversión a la Revolución y su amor por la Iglesia Católica, el pueblo y el Rey Luis XVI. Aunque  con su tolerancia habitual, defendían  las ideas de la Ilustración.
-         Beatrice no aparece- dijo Alain sofocado todavía.
-         Esa chiquilla de nuevo- se quejó la madre de Fabien-. Seguro que se ha escapado otra vez.
-         No queda otra que ir a buscarla- señaló Laura Isabella.
-         Voy a ensillar mi caballo- dijo el joven d’Anjou.
-         Yo voy contigo, primo- se levantó de la silla tapizada en la que estaba el agotado Alain.
-         Tú estás cansado, sobrino- dijo Laura Isabella.
-         Es mejor que vayan los dos- aconsejó el hombre que había traído el agua antes.
-         Jean-Luc tiene razón- señaló la madre de Fabien-. Y traedla aquí a esa enana desobediente. Ya es la tercera vez que se escapa. Aunque siendo Luna llena no es de sorprender.


-         Ensilla dos caballos- le dijo el joven-. El caballo de Monsieur du Florence estará también agotado. Le habrás dado bien al pobre animal.
-         Era él o Beatrice, primo.

-         Lo sé. Aunque si fuese de día y en otros tiempos más tranquilos también azuzarías bien a los caballos.”
Marian García Jimeno.

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