" Era un joven un poco díscolo. Tenía todo lo que tienen los artistas geniales: una vida muy bohemia con alcohol incluido. Sólo su perro le ponía un poco de responsabilidad.
Un día estaba camino de su casa en su moto cuando un coche le atropelló. Llevaba a su perro con él. El animal estaba mortalmente herido. El que le atropelló quiso auxiliarle, pero él no quería abandonar a su mascota que estaba ya moribundo. Poco antes se le había encargado la talla y el párroco se enfado al ver al perro en los pies del Cristo. Pero todo cambió el chico sufrió el accidente y pidió ser enterrado con su perro".
El cura no podía negar que Jesús era también el Dios de los animales, y más en una iglesia dedicada al santo custodio de los animales.
Sentía que debía encontrarlo. No podía haberse encontrado dos veces con un muerto. Eso estaba bien para los creyentes y la época era perfecta, pero no para una mujer racional como ella. Durante los días que quedaban a la Navidad buscó en albergues de Cáritas y Cruz Roja encontrar al joven.
El día de Nochebuena se fijó en un belén cercano a la Escuela de Artes y Oficios donde estaban todas las figuras y el ángel tenía el aspecto del joven mendigo y había un animal más: un perro color canela protegiendo al niño. En un segundo creyó ver que el ángel le sonreía y le guiñaba el ojo.
Pero además, creyó oír su voz en su cabeza: "Siempre hay que creer en algo. Ve con tu familia esta Navidad". ¿Cómo sabía que llevaba años enfadada con su madre? Todo ocurrió cuando sus padres se libraron de su perra esquimal, Nikky. El veterinario dijo que había un tratamiento y el animal podía salvarse; pero su madre odiaba a Nikky. Parecía increíble, pero sentía celos de la perra por el amor que su padre y ella le prodigaban en su enfermedad: un cáncer de piel benigno que no era contagioso para las personas.
Decidió hacer caso al ángel. Ya no podía llamarle mendigo; y fue a pasar la noche con sus padres. Le resultaba raro entrar en una casa donde no oía ya ladridos de recibimiento, pero unos ladridos le hicieron dudar si estaba en su casa. Su madre le recibió con cierto recelo para terminar abrazándole con excesivo cariño. Antes de ver a su padre un cachorro de beagle se echó sobre ella. Se llamaba "Tani" y era muy mimosa. también había una perra esquimal llamada "Perla" muy parecida a su desaparecida "Nikky".
- Siento venir sin avisar.
- No, hija. Vino un chico que dijo que volverías. Un compañero tuyo del trabajo, pero con un nombre raro. Creo que era algo parecido a Manuel- le dijo su padre.
Se quedó helada. Sin embargo no iba a decir que se habían encontrado con un ángel.
La monja ya le había dicho que en Navidad y en Semana Santa; sobre todo, la talla solía desaparecer. Pero la hermana Teresa sentía que era cuando alguien precisaba de Jesús en carne y hueso.
Vio pasar una estrella fugaz y pidió un deseo de niña. Pero ese deseo ya se había cumplido. Conocer un ángel cuando todavía creía en Dios.
FIN
Nota: Paul Walker siempre me ha resultado un buen hombre, a pesar de su vida de amante de los coches; pero también amante de los animales. En mis libros siempre mi ángel guardián se parece al difunto y creyente actor en la gente.
Marian García Jimeno.











