jueves, 21 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD: CONCLUSIÓN.

La historia que había escuchado de la monja Laura le dejó más atrapada al joven y atractivo mendigo. En su memoria quedaba el relato del artista que hizo la talla con el perro.
" Era un joven un poco díscolo. Tenía todo lo que tienen los artistas geniales: una vida muy bohemia con alcohol incluido. Sólo su perro le ponía un poco de responsabilidad.
Un día estaba camino de su casa en su moto cuando un coche le atropelló. Llevaba a su perro con él. El animal estaba mortalmente herido. El que le atropelló quiso auxiliarle, pero él no quería abandonar a su mascota que estaba ya moribundo. Poco antes se le había encargado la talla y el párroco se enfado al ver al perro en los pies del Cristo. Pero todo cambió el chico sufrió el accidente y pidió ser enterrado con su perro".
El cura no podía negar que Jesús era también el Dios de los animales, y más en una iglesia dedicada al santo custodio de los animales.

Sentía que debía encontrarlo. No podía haberse encontrado dos veces con un muerto.  Eso estaba bien para los creyentes y la época era perfecta, pero no para una mujer racional como ella. Durante los días que quedaban a la Navidad buscó en albergues de Cáritas y Cruz Roja encontrar al joven.

El día de Nochebuena se fijó en un belén cercano a la Escuela de Artes y Oficios donde estaban todas las figuras y el ángel tenía el aspecto del joven mendigo y había un animal más: un perro color canela protegiendo al niño. En un segundo creyó ver que el ángel le sonreía y le guiñaba el ojo.
Pero además, creyó oír su voz en su cabeza: "Siempre hay que creer en algo. Ve con tu familia esta Navidad". ¿Cómo sabía que llevaba años enfadada con su madre? Todo ocurrió cuando sus padres se libraron de su perra esquimal, Nikky. El veterinario dijo que había un tratamiento y el animal podía salvarse; pero su madre odiaba a Nikky. Parecía increíble, pero sentía celos de la perra por el amor que su padre y ella le prodigaban en su enfermedad: un cáncer de piel benigno que no era contagioso para las personas.




Decidió hacer caso al ángel. Ya no podía llamarle mendigo; y fue a pasar la noche con sus padres. Le resultaba raro entrar en una casa donde no oía ya ladridos de recibimiento, pero unos ladridos le hicieron dudar si estaba en su casa. Su madre le recibió con cierto recelo para terminar abrazándole con excesivo cariño. Antes de ver a su padre un cachorro de beagle se echó sobre ella. Se llamaba "Tani" y era muy mimosa. también había una perra esquimal llamada "Perla" muy parecida a su desaparecida "Nikky".
- Siento venir sin avisar.
- No, hija. Vino un chico que dijo que volverías. Un compañero tuyo del trabajo, pero con un nombre raro. Creo que era algo parecido a Manuel- le dijo su padre.
Se quedó helada. Sin embargo no iba a decir que se habían encontrado con un ángel.
La monja ya le había dicho que en Navidad y en Semana Santa; sobre todo, la talla solía desaparecer. Pero la hermana Teresa sentía que era cuando alguien precisaba de Jesús en carne y hueso.
Vio pasar una estrella fugaz y pidió un deseo de niña. Pero ese deseo ya se había cumplido. Conocer un ángel cuando todavía creía en Dios.

FIN

Nota: Paul Walker siempre me ha resultado un buen hombre, a pesar de su vida de amante de los coches; pero también amante de los animales. En mis libros siempre mi ángel guardián se parece al difunto y creyente actor en la gente.

Marian García Jimeno.

domingo, 17 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD (II).

La mañana amaneció fría. Un poco menos y habría nevado.  En las montañas que se veían a lo lejos se veía algo de nieve. Seguramente, en San Miguel de Aralar estaba nevando.Desde Pamplona se veía la cima y el aire frío venía de allí y otros montes.
Laura pensó en el extraño. Con ese tiempo ni un "acogedor" cajero le quitaría del frío, y su perro por muy protegido por su bello pelaje color canela también pasaría frío. Esperaba que se le ocurriese ir a algún albergue a dormir y que tuviese para una sopa caliente y comida para el animal.
Se quedó parada unos segundos pensando que su preocupación desde que se había levantado era por ese mendigo. ¿Tan extrañada estaba de que un pobre hombre fuese honrado? ¿Era acaso una más de la sociedad que odiaba a los parias y los creía criminales? De normal eran gamberros como los que le atacaron a ella los que quemaban en vivo y apaleaban a esos pobres mendigos sin importarles si eran hombres o mujeres, jóvenes o viejos.
Miró el reloj y vio que llegaba tarde a trabajar. Terminó de arreglarse y se fue camino de su empleo.


Pasó por varios lugares donde había mendigos acurrucados, pero ninguno se parecía a aquel hombre. Ninguno tenía un perro tan hermoso y bien cuidado, y eso que los "sin techo" se desvivían por sus únicos compañeros de viaje.
- Eres imbécil. Te estás obsesionando  con un hombre de la calle sólo porque te salvó el cuello- se dijo.
Un hombre de piel castigada que pedía en una iglesia pero vestía una vieja americana con una camisa de cuadros amarilla y una corbata azul le pidió algo para comer. Ni siquiera monedas. Su aspecto indicaba a un hombre noble, castigado por la vida que se negaba a olvidarse de quién fue en otro tiempo. Cerca había una tienda de ultramarinos y pidió que le hiciesen un bocadillo de chorizo y le diesen un botellín de agua. Cuando salió el hombre no estaba. En su lugar estaba el mendigo que le salvó del atraco con su perro Mikael.
- ¿Y el otro hombre?- preguntó extrañada.
- Sólo estaba yo. Por cierto; me llamo Immanuel. Es hebreo, pero significa lo mismo que Emmanuel.
- No sé hebreo.
- "Dios está con nosotros".
- ¿Tu perro se llama Mikael y tú Immanuel?
- Mi madre era muy devota. ¿Eso es para mí?- le preguntó mirando el bocadillo y el agua.
- Era para el otro hombre, pero como no está, pues sí.
Tras agradecérselo lo partió en cuatro trozos. Guardó dos en una sucia mochila y en un cuenco de plástico echó algo de agua para Mikael. Luego le dio uno de los trozos del bocadillo que había apartado y él se comió el más pequeño de los dos.
- Él es más hambriento que yo. De nuevo, gracias- dijo mirándole con sus brillantes ojos entre miel y verdes.
Aquel hombre con traje y bien aseado quitaría la respiración a cualquiera.
Se levantó y tras recoger sus cosas agarró de la correa a su perro y se despidió con una cautivadora sonrisa.
- Si no  nos vemos, ¡feliz Navidad! Y cuidado donde coges el dinero- le dijo guiñándole un ojo.
Pensó en Christian Grey. ¡Señor! ¡Ese hombre era un mendigo y le daba mil vueltas!
Un impulso le llevó a entrar en la parroquia donde había visto al primer mendigo. Estaba allí en un banco cercano al altar.
- ¿Dónde se ha metido? Fui a comprarle algo para comer.
Extrañado, el hombre la miró y dijo que con el frío no había salido de la iglesia pues el párroco le había ofrecido dormir esa noche allí y un poco de caldo de la hermana Teresa.
De pronto cayó en la cuenta de que el Cristo de uno de los lados de la pared no estaba.
La monja apareció y dijo que hacía una semana que el llamado Cristo del Perdón había desaparecido del retablo, pero no había huellas de haber sido arrancado. Los fieles estaban muy alterados pues la talla era de las más hermosas. Laura no era muy católica pero la descripción le dejó de piedra: ojos de color miel, delgado pero no escuálido como otras tallas y acompañado de un precioso perro color canela a sus pies.
Tenía que ser una coincidencia. ¿Por qué tallar un Cristo con un perro?

Marian García Jimeno.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD (I).

Laura iba a sacar dinero del cajero automático cuando vio en el suelo protegido por cartones y una sucia manta a un mendigo. A sus pies estaba un perro de color canela muy bien cuidado. Era atípico que ese bello animal pudiese estar con ese hombre que dormía y tenía barba de varios días..
La joven decidió no entrar. Aunque necesitaba sacar dinero prefirió estar a salvo de ese mendigo, aunque su perro tan limpio le extrañaba por el aspecto tan descuidado de él.


Buscó otro cajero y decidió utilizar uno que daba a la calle en vez de meterse en uno interior. Cuando ya tenía el dinero en sus manos e iba a guardar su tarjeta de crédito dos jóvenes le llamaron con intención de quitarle el bolso: documentación, tarjetas, dinero... En ese momento se le pasó por la cabeza que tal vez  debió fiarse del cajero donde dormía ese mendigo.
- Venga, tía. El dinero o te rajamos- dijo uno de los jóvenes enseñando una navaja.
Iba a entregar el botín a sus amenazadores atracadores cuando el bello perro del mendigo ladró a los jóvenes que no parecían tener mucho equilibrio. Detrás apareció el mendigo que no tuvo que hacer mucho para desarmar al chico de la navaja. El miedo no le quitó el poder de observación a Laura que vio un brillo especial en los ojos de color miel del hombre.


Ahora no le resultaba tan peligroso y mugriento. Incluso tenía cierto atractivo en su mirada acaramelada.
Cuando los chicos huyeron el perro se calmó y él le aconsejó que confiase en los cajeros donde duermen los mendigos.
- Solamente buscamos calor en estos días fríos.
- Lo siento.
- Hoy no tienes que sentirlo, pero un gracias no quedaría mal- le dijo sonriendo transmitiendo una paz misteriosa a la chica.
Iba a darle algo del dinero que había sacado cuando él desapareció con su perro al que llamó Mikael.

Marian García Jimeno.

domingo, 3 de diciembre de 2017

NAVIDAD Y PROYECTOS.

Increíble que haya estado tanto tiempo sin escribir, pero los cursos para mi trabajo habitual me han tenido un poco ocupada; y los literatos también tenemos nuestros días bajos.
Terminado ya el curso que realizaba y concentrada en mi época del año favorita: la Navidad; a retomar la revisión de la segunda parte de "El ángel" y proyectos de poesía, historias de amor (a ver si lo consigo), y un cuento de Navidad que se me ocurrió hace poco.
Hace poco participé en un certamen de micro poesía de "Diversidad literaria" y volví a ser seleccionada. Como lo mío es la poesía blanca sin métrica no soy de las premiadas, supongo. Pero no sé hacer poesía como si hiciera una cuenta matemática. El verso sale de nuestro espíritu, no de nuestro cerebro.


Pero lo importante es estar ahí. Poco a poco se abrirá el camino.
Ya he recibido mi pago por Amazon de los libros vendidos y, aunque sea menos de lo deseado es bueno porque me abro entre la gente y la página de Facebook: Luna Roja "El ángel" se llena de seguidores y no me importa regalar poemas y cuentos.
Los escritores estamos dotados de un don que no debemos tener para nosotros, sino compartirlo; si no no sirve para nada.


Y todavía queda estudiar para la tercera parte de "El ángel" y como una enamorada de mis personajes, se me vienen las ganas de una segunda parte de "Recuerdos perdidos". Si no te enamoras de tu trabajo, sea la escritura o cualquier otro oficio  como mi otro trabajo: el socio-sanitario, abogados, policías, actores, cineastas, políticos (a ser posible honrados; porque si no amas el poder, no a la gente), etc... Entonces no eres productivo ni feliz con lo que haces en tu vida.
Haremos algún ritual de los míos para terminar y comenzar el año y que sea próspero de verdad.




Felices fiestas y Año 2018.

Marian García Jimeno.