Cada vez que veo la fecha de la última entrada me digo la poca vergüenza que tengo dejándoos sin noticias.
Por lo publicado en la página sabéis que el certamen de microrrelatos de San Fermín sigue vigente aunque la fiesta esté paralizada.
No es fácil escribir un cuento con sólo 204 palabras excepto el título, pero ya lo hemos mandado. Aquí os regalo el que no he mandado, aunque ambos relatos se parecen.
SIEMPRE
SAN FERMÍN.
Como cada seis de julio
se vistió de blanco nuclear. Se ató el fajín rojo y colocó el pañuelico rojo en
la muñeca. Todavía no eran las doce. Ató bien sus alpargatas blancas con los
cordones rojos y fue en busca de doña Herminia. No encontró en su camino muchas
personas vestidas como ella. Dos años de pandemia hacían que la gente hubiera
perdido la ilusión. Sin embargo, todavía había gente dispuesta a vivir en lo
posible la fiesta.
En su memoria estaban las
primeras verbenas cuando era una adolescente disfrutando de una época en la que
se podía subir al centro andando. Cuando se veían los fuegos cerca de la
Ciudadela para acabar en la feria que entonces estaba en lo que ahora es la
estación nueva de autobuses.
Doña Herminia estaba ya
con su vestido blanco y el pañuelo rojo en la mano esperando que su cuidadora
le diese la señal de que el chupinazo se había lanzado. Como cada año sin
enterarse la mujer la joven puso un vídeo de unos Sanfermines pasados y juntas
vieron como la plaza gritaba de fervor con el cohete. Fueron al Casino Iruña.
Ya había más gente de blanco en las terrazas. Brindaron como siempre.
Ó Derechos
de autor.
Y espero no tardar tanto.
Marian García Jimeno.

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