Mientras, en la
comisaría, un joven agente de pelo rubio llevaba de malas formas a un anciano
mendigo con ropajes grises raídos que parecían de estilo musulmán. En cuanto lo
vio Mike o Mikel Harrison soltó lo que estaba haciendo y se acercó al policía
con genio.
— ¿Te
parecen formas de tratar a un ser humano, y encima anciano?
— Es
sólo un mendigo, inspector.
— Por
si no lo sabes, yo también dormí en la calle unos cuantos años y todos creían
que estaba muerto. Así que no me gusta el trato que estás dándole. Yo me encargo
de este anciano— dijo despachándole de allí y sentando al viejo enfrente de él.
Cuando el mendigo agradecido estrechó la mano del musculoso policía Harrison
cayó al suelo inconsciente.
— ¡Maldito
mendigo!— se abalanzó sobre él el policía que lo había llevado a la
comisaría. También cayó al suelo pero
sin desmayarse.
Alonso salió de su
despacho. Sus agentes estaban atemorizados y Harrison estaba inmóvil y rígido
como una tabla.
— Llamad
a una ambulancia. El inspector no se mueve. Pero no está muerto. Llamad a los hermanos Beltrán. Tengo una
cierta sospecha de que ellos sí pueden saber de qué va todo esto. Y que alguien
ayude a este novato imbécil.
En la casa seguían
escuchando lo que los ángeles y hermanos al mismo tiempo les decían. Luc les
narró que tras el juicio a Esmeralda, que fue llevada al Jardín de Morontia
donde debía recibir a los nuevos difuntos, aclarando que no era un purgatorio,
sino un sitio donde los muertos se daban cuenta de su nueva vida antes de
transformarse y vivir otra etapa celestial hasta llegar, si así lo veían los Veinticuatro
Mentores y Jesús en su forma divina como Micaël, al rango más elevado o la
transformación en energía. De paso le servía a Esmeralda para retomar su
proceso como ángel. Micaël había puesto de manifiesto que el amor maternal no
se podía juzgar y era lo que salvó a Esmeralda de un castigo mayor.
Entonces sonó el
teléfono móvil de Richard. Sus gestos preocuparon a todos, aunque Luc se
imaginaba lo que estaba oyendo.
— Se
han llevado a Harrison al hospital. Por lo que dice Cristina se ha desplomado
al suelo cuando ha tocado a un viejo mendigo. ¿Cuándo narices dejará de
compadecerse de los mendigos? Esa etapa suya ya pasó.
— Diez
años entre mendigos no se olvidan fácilmente, hermanito— le recordó Javier a
Richard.
— Yo
iré con Javier a ver cómo está Mike— se ofreció Luc—. Tú puedes ver al mendigo.
Si tu jefe te ha llamado es porque ese mendigo es especial. Pregúntale por su
nombre.
— ¿Quién
puede ser?— preguntó Richard.
— En
el Egipto Antiguo utilizaba los nombres de Nemeq o Poty.
Viendo que Javier se
reía pues el segundo nombre era de un famoso bailarín, Luc le dijo que se
leyese la biblia pues en la historia de José como esclavo antes de su sueño de
las siete vacas gordas y las siete vacas flacas, estuvo en casa de Potifar. Más
adelante estuvo en el descubrimiento de varias pirámides como Ibrahim y ya no
se supo nada de él desde entonces.
— Bien.
Pero me estás hablando de un hombre inmortal.
— Ibrahim
tiene su hora cercana. Aunque desconozco por qué ha atacado a Harrison.
Antes de irse los tres
hombres Naike pidió a su hermano que buscase alguna pista sobre el paradero de
su esposo.





