viernes, 29 de septiembre de 2017

HOY NO ESCRIBO YO.

Os dejo con lo que escribió un amigo a partir de hacerse con Luna Roja, ahora El ángel.
A veces es mejor que sean los demás los que hablen de ti.




EN MI CAJA VACÍA HA ENTRADO LA LUNA ROJA

   
    Sin duda, me conocía bien… o, quizá, solo quiso gastarme una broma. De cualquier manera acertó  de pleno; me sorprendió con el regalo perfecto: una caja vacía. Una sencilla caja de cartón, sin complicaciones. La caja, de unos 8x10x4 cm. Con su tapa, y decorada exteriormente de una forma sobria y agradable con un forro de papel rústico. De manera inmediata la reconocí como mi caja.

    ¿Para qué puede servir una caja vacía?: Para todo. En una caja vacía cabe de todo. Una caja vacía, recibida como regalo, se llena instantáneamente de ilusiones en el preciso momento en que la abres y compruebas su gran capacidad; ¡hasta arriba de ilusiones!. Pero lo más sorprendente y mágico es que, a pesar de estar repleta de ilusiones, es capaz de guardar recuerdos, y esperanzas, sueños, alegrías, tristezas… ¡Todo cabe en una caja vacía! Y la mía, tiene, además, una gran ventaja adicional: en su tapa, en el centro de su tapa, hay una ventanita transparente, por la que puedes ver su interior sin necesidad de abrirla. Pero es que, si quitas la tapa, la pones ante tus ojos y miras  a través de ella ¡puedes ver todo el mundo que te rodea! ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que estés dentro de la caja y que, a través del celofán de su ventanita, puedas ver tu cuarto, tu mesa, tus libros, los seres queridos que te acompañan… Y si sales con ella a la calle ¡cabe la calle entera!: los árboles, la hierba, el mar, el cielo, la luna amarilla, la luna blanca … ¡tu Luna Roja!… Y todo lo que entra en la caja ¡se queda en la caja!.
   
    Si alguien la ve y mira en su interior puede pensar que guardo una caja vacía; por eso es ideal para guardar mis secretos. Y es que solo yo se que la caja está llena, pero aún así, yo se que siempre será capaz de seguir guardándolo todo.   

(para ti, inventora de Lunas Rojas)
javier bilbao elizondo

 20 de octubre de 2013


Parece mentira que hayan pasado tantos años desde que la edité y ahora esperando que mis ángeles de la guarda bendigan la segunda edición. No vendría mal un "chute" de ventas para mi optimismo. No quiero escribir para hacer libros míos que sólo decoren mi armario y los de mis amigos, porque sé que mis historias ayudan a evadirse a la gente de los problemas diarios.






Marian García Jimeno.

domingo, 17 de septiembre de 2017

TIEMPO DE ACTUAR.

Llevo tiempo sin escribir. Dicen que los poetas cuanto más tristes más creativos son. En mi caso me ha parado bastante, tanto en el curso de Marketing Online de Google como en el trabajo literario.
Pero es hora de despertar. No puedo dejarme vencer por gente que piensa en atacar cuando tengo la seguridad de que lo que escribo es bueno y gusta; no porque lo diga yo; sino porque lo decís vosotros y eso anima bastante.
Es tal el desánimo que he dejado atrás el estudio del Antiguo Egipto para la novela tercera de "El ángel" que juntas serían "Crónicas angélicas". Aunque mis personajes se extienden a otras historias diferentes de la saga de Fabián y sus amigos.



Pensando en la promoción siento que soy un poco pesada o que algo está fallando. Como comercial y ex empresaria sé que un buen producto se vende con el boca a boca; así que si los que lo habéis leído os ha encantado a recomendarlo con mi gratitud por delante.
También a tomarme en serio lo de pasear por las librerías. Deborahlibros es la nueva librería que me llama la atención: primero dejan leer los libros y luego la gente decide comprarlos. Tiene una decoración bonita y espaciosa. Es muy bonita, por lo menos desde fuera.
Además debo preguntar en radio y prensa, pero sigo en grupos del Facebook para que se vea y utilizar Instagram y Twitter para la promoción. Lo importante moverme.


Mientras, aparecen nuevas historias más sensibles y espirituales de lo que estudio y vivo de mi profesión de Auxiliar de Geriatría. De ahí a un poemario falta poco.

Marian García Jimeno.