Durante la
cena que tenía en un restaurante italiano muy caro de la ciudad con su novia,
Cris tuvo que oír las quejas de Cintia, pero cuando le preguntó por qué había
ido a la tienda-taller de diseño de su vecina ella no sabía por dónde escapar.
No quería que Cristian supiera la razón de su visita al negocio de la
diseñadora. De todas formas, sabía que hasta que no hablase con Sofía su
exuberante novia no se quedaría tranquila. Tal vez así se enteraba de qué
quería Cintia pues su secretismo le llamaba la atención. Por trabajo habían
anulado las vacaciones que tenían planeadas en Grecia y casi mejor pensando en
la situación política del país heleno.
Al llegar a
su casa tras dejar a su chica en su apartamento iba a tocar el timbre del piso
de su vecina, pero por mucho dolor de cabeza que Cintia le había puesto con el
tema no eran horas; sin embargo, todas las mañanas desayunaban en una cafetería
que había enfrente del edificio donde vivían que era otro edificio de pisos.
Allí le abordaría y le preguntaría sobre lo que había pasado en el taller de
costura. Aunque su vecina le provocaba meterse con ella a todas horas, era de
los que no se quedaban con una sola versión de una historia.

Cristian
tardó dos días en coincidir con su vecina en la cafetería, pero antes de que
ella fuese a casa a cenar. Vestía una camiseta verde con una falda de punto
color crema que le llegaba hasta las rodillas y una chaqueta del mismo tono y
tejido que la falda apoyada sobre sus hombros. Leía un periódico y tomaba un
sándwich vegetal con un vaso de mosto. Sin mediar palabra él se sentó y le
quitó el periódico mientras pedía una caña de cerveza y un aperitivo caliente.
-
Bueno.
Vamos a ver las noticias- le dijo con cinismo.
-
¿Debo
recordarle que la cafetería no tiene periódicos para leer sólo, sino que son
los que venden a los clientes? O sea; es mi periódico- recalcó las últimas
palabras enfadada.
-
No
se ponga así. Con lo guapa que es y lo fea que se pone cuando se enfada-
bromeó.
-
Supongo
que esto de sentarse en mi mesa es por la visita de su novia a mi taller- dijo
antes de beber un poco de mosto. Había decidido calmarse. Si no le seguía el
juego él no le dejaría tomar su aperitivo bien ganado tras el trabajo de la
mañana con el traje de novia de la chica que sufrió el escándalo de Cintia cuando
visitó la tienda.
Cristian
comía su frito de pimiento del piquillo con salsa verde bañándolo. Estaba
degustando el aperitivo al tiempo que miraba burlón a su vecina.
-
Que
aproveche. Parece que no has comido en días o vienes de África.
-
Está
riquísimo. Deberías dejar los vegetales. Siempre con tu sándwich vegetal. Lo
que te pierdes- y bebió de su fresca caña.
-
Prefiero
los que hago yo.
-
¿Sabes
cocinar? ¡Qué sorpresa! Coses, cocinas. A lo mejor resulta que eres una gran
mujer.
-
¿Vamos
a hablar de tu novia o vas a seguir haciéndome perder el tiempo? A mí no me
hace nadie las cosas. No tengo una asistenta por horas que me arregle la casa.
-
Veo
que me vigilas- terminó su cerveza.
-
Yo
no. La señora Itziar. Ya sabes que gusta de tener a la gente informada.
-
Esa
petarda… Bueno. No sé qué pasó en tu negocio, pero llevo dos días con dolor de
cabeza por tu desprecio a Cintia. ¿Sería mucho pedir atenderla y pedirle
disculpas?
-
¡Tú
sueñas! Le atenderé pero no voy a pedir perdón a una tía que va de diva por la
vida y cree que puede hacer que yo desatienda a una novia que se va a casar la
semana próxima. No sé a qué te dedicas, pero creo que tus clientes son
atendidos por orden, no porque sean más que otros. ¿O sí?
Cristian
tuvo que darle la razón a Sofía. Conocía a Cintia y creía a su vecina. Pero
consiguió que la diseñadora diese una cita a la rubia. Antes de irse cada uno a
su casa ella le preguntó qué tipo de estilo quería, pues Cintia dijo que era
algo muy especial y le urgía. Pensó que era algo referente a algún evento junto
a su novio. Cuando vio a su vecino pensativo se dio cuenta de que él no tenía
ni idea de lo que quería la rubia.
-
Tal
vez quiera darle una sorpresa- intentó arreglar su metedura de pata.
-
Tranquila.
Ahora que recuerdo tenemos una celebración por nuestros seis meses juntos- le
mintió sonriéndole por primera vez de una forma agradable; sin cinismos ni
bromas de mal gusto. Incluso, Cris pagó la cuenta de los dos en la cafetería.
Marian García Jimeno.