HOY OS DEJO EL COMIENZO DE "EL ÁNGEL". UNA HISTORIA DE MISTERIO, FANTASÍA Y ALGUNA NOTA DE HUMOR.
QUIENES HAN LEÍDO LA HISTORIA ME HAN DICHO QUE LES HA ENCANTADO Y SE HAN ENGANCHADO DESDE EL PRIMER MOMENTO. SON MIS LECTORES LOS QUE HABLAN, NO YO.
EL SUEÑO DE TODO ESCRITOR ES COMPARTIR SU ARTE CON LA GENTE, SI NO SERÍA TONTERÍA ESCRIBIR. Y YO SÉ QUE MIS NOVELAS GUSTAN.
¡ANIMAROS!
QUIENES HAN LEÍDO LA HISTORIA ME HAN DICHO QUE LES HA ENCANTADO Y SE HAN ENGANCHADO DESDE EL PRIMER MOMENTO. SON MIS LECTORES LOS QUE HABLAN, NO YO.
EL SUEÑO DE TODO ESCRITOR ES COMPARTIR SU ARTE CON LA GENTE, SI NO SERÍA TONTERÍA ESCRIBIR. Y YO SÉ QUE MIS NOVELAS GUSTAN.
¡ANIMAROS!
CAPÍTULO PRIMERO.
La noche estaba coronada con una Luna llena entre las nubes que presagiaban un nuevo día nublado y lluvioso. A las doce de la noche la Luna se veía en la ciudad de unas dimensiones impresionantes y embrujadoras. El silencio sólo lo rompían las sirenas de policía, bomberos y ambulancias. A Lucía le parecía que nunca había visto tantas ambulancias en toda su vida de enfermera en el hospital de Navarra recién reformado. Por suerte para ella, su turno terminaba y se iba a casa situada en la periferia de la ciudad, al norte de ésta.
El barrio de San Jorge a esas horas estaba transitado por pandilleros, parejas de adolescentes que buscaban sitios donde deshacerse en caricias y, tal vez, algo más; y extranjeros que no siempre habían venido con buenas intenciones a España. Por suerte, la joven de pelo rojizo y grandes ojos verdes iba en su propio coche a su casa. Vestía unos vaqueros rotos y un jersey de lana gris perla como abrigo. Aunque era marzo, el tiempo esa noche era más propio de la Navidad.
A la salida del último barrio de la ciudad el Ford Fiesta rojo que conducía se le paró.
— ¡Mierda!— exclamó enfadada—. Pero si tengo el depósito lleno.
Se colocó el chaleco reflectante como pudo y salió del coche para ver qué había pasado con desgana. Ya era casi la una de la madrugada y estar en la oscuridad de una carretera sola no le hacía ninguna gracia.
El barrio de San Jorge a esas horas estaba transitado por pandilleros, parejas de adolescentes que buscaban sitios donde deshacerse en caricias y, tal vez, algo más; y extranjeros que no siempre habían venido con buenas intenciones a España. Por suerte, la joven de pelo rojizo y grandes ojos verdes iba en su propio coche a su casa. Vestía unos vaqueros rotos y un jersey de lana gris perla como abrigo. Aunque era marzo, el tiempo esa noche era más propio de la Navidad.
A la salida del último barrio de la ciudad el Ford Fiesta rojo que conducía se le paró.
— ¡Mierda!— exclamó enfadada—. Pero si tengo el depósito lleno.
Se colocó el chaleco reflectante como pudo y salió del coche para ver qué había pasado con desgana. Ya era casi la una de la madrugada y estar en la oscuridad de una carretera sola no le hacía ninguna gracia.
— ¿Tienes algún problema?— oyó detrás suya una voz de niña.
— ¡Señor, qué susto me has dado!¬— dijo al ver a la pequeña a su lado.
La pequeña era una niña rubia de preciosos ojos azules y rizos que tenía en dos coletas con un lazo rojo en cada una de ellas que hacían tirabuzones. Llevaba un vestido blanco con un cuello de encaje muy bien elaborado y también un lazo en la cintura de raso rojo sangre como en su pelo. Sus zapatos eran del mismo color y llevaba unas medias finas de color crema. Tenía cerca de unos diez años, o eso calculó Lucía.
— ¿Qué haces aquí? No es lugar ni hora para que una niña esté.
— Me he perdido. Vivo cerca, pero estoy un poco perdida. Las noches de Luna llena soy muy despistada.
— ¿Y el resto de las noches?
— Mi hermano no me deja salir. Pero en Luna llena está distraído y me escapo— sonrió con cierta inocencia.
— Bueno. Este coche no parece que quiera arrancar. ¿Sabes la dirección?
— No exactamente, pero creo que es por allí—. Señaló un camino de tierra que llevaba a unas naves industriales y que no tenía nada de luz.
— No tengas miedo. Hay una casa. Y está bien iluminada.
— ¿Vives en la casa del jardinero?— La sorpresa y el miedo invadió a Lucía.
Marian García Jimeno.






